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domingo, 18 de diciembre de 2011

Pensamiento.....(Reformandobabylon)

Roma
A lo largo de nuestra vida se nos ha mostrado a Roma como el origen, todo empezó allí. Ese vasto imperio unificó a gran parte del mundo conocido, se hablaba de que cualquier camino te llevaba a ella.
Siempre había creído que los caminos de la vida me habían llevado hacía Roma anteriormente. Tal vez un poco confundido y ansiado por la necesidad de mí cuerpo a conocerla encontré otras ciudades y las conocí creyendo que eran esta.
No es broma, creía haber visitado una vez esta ciudad,  cuando la juventud me llenaba el cuerpo de descubrir los placeres de este mundo. Inconsciente, entré en esa ciudad con tal confianza, que incluso sus habitantes creyeron vivir en la ciudad eterna.
Ese fue un gran error, nunca debería haber jugado de esa forma con esa adorable gente. La verdad que les convencí rápido y con esa misma velocidad con la que lo hice, dudé. La ciudad era hermosa, me quería, pero su estructura arcaica que la disponía a la protección y a la vida excesivamente tranquila no era lo que necesitaba mi espíritu juvenil.
Me fui de allí, la cuidad lució triste durante algún tiempo. Aunque intenté volver a visitarla, no como ese joven que les había hecho creer que eran grandes, sino como alguien preocupado por tener a todos aquellos que le marcaron cerca. Esa cuidad, aunque la recordaba con un corazón enorme, la rotura que produje sirvió para que cada vez que quería entrar, las puertas estuvieran cerradas.
La verdad es que muchas veces me planteé si realmente como yo creía había conocido Roma o simplemente un destilado bastante parecido. Ahora, desde la perspectiva que te da el tiempo y la vida, me doy cuenta de que nunca llegué a visitarla.
Hará unos meses me encontré con uno de esos caminos que dicen los antiguos que llevaban a ese antiguo imperio. Poco a poco fui acercándome, con dudas, bifurcaciones, cuestas y alguna que otra montaña.
Pero un día hará un mes, arriba de la montaña el cielo se vio raso, sin ninguna nube, allí en el horizonte se mostró en su plena efervescencia y con una felicidad tan contagiosa esa gran ciudad. Ahora que la conozco, entiendo la sensación que dejé en aquellos a los que, sin mala sombra, les hice creer vivir en ella.
Ahora, si me paró a pensar, no me gustaría salir nunca de esta gran ciudad a la que para comprenderla hay que ponerla frente a un espejo y entender que es de lo mas grande que el mundo inventó.

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